En 1871, durante setenta y dos jornadas, el pueblo de París abrió las puertas a la utopía. Ante una clase dirigente que había llevado a Francia a una guerra catastrófica y a la sumisión a Prusia, los trabajadores y las trabajadoras de París decidieron hacer barricadas, establecer su propio gobierno
con sus propios principios democráticos y tratar de resolver los problemas que había creado la clase gobernante.
«¡Qué flexibilidad, qué iniciativa histórica y qué capacidad de sacrificio tienen estos parisinos!», escribió Carlos Marx en una carta a su amigo Kugelmann el 12 de abril de 1871.